Sunday, June 7, 2026

¡Habas tenemos!

 


—¡Habemus habas!---exclamaba mi padre en latín macarrónico de su invención al ver llegar a la mesa del comedor la fuente con la ensalada de las primeras habas de la temporada. Eran en ese momento inaugural su legumbre favorita.

Habrá sido su entusiasta recepción de las habas—fueran éstas servidas en ensalada, en guiso con tocino, o peladas y en salsa bechamel—lo que nos hizo gustarlas a pesar de su aspecto de guijarros verde olivo y evocarlas a lo largo de la vida como un alimento infantil, de sabor nostálgico. 


Ha sido el reencuentro reciente de ese sabor el que me ha llevado a escribir esta nota.


—¡Habas tenemos!---he exclamado al ver ante mí el plato de habas peladas en salsa bechamel, una forma de preparación que tiene mucho de la comida suavemente deleitosa que se les da a los niños y que, como niños—mi padre se volvía uno al comerlas—las gozábamos a la hora de la cena familiar.


Es plato fácil de preparar. Se cuecen las habas en agua, se les quita el hollejo y, así peladas, se las mezcla con salsa bechamel. Se las puede servir como acompañamiento de alguna carne, si no se es vegetariano, o por sí solas, con un poco de queso parmesano espolvoreado encima.





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